miércoles, 20 de enero de 2010

“Rehuye el PRI definirse sobre las bodas gay”

¿Habrá a quien sorprenda esta información? Porque noticia no es. Es tan sólo una descripción de la esencia de ese cosa que llaman partido: la indefinición. En épocas de la monarquía sexenal era una agencia nacional de empleos más que un partido.
Aquellos aún jóvenes de familias apolíticas, la mayoría, y como recordatorio para los mayores que olvidan fácilmente después de pasada una semana, el llamado Partido Revolucionario Institucional (¿?) solía acatar las rimbombantes indefiniciones de sus diversos monarcas como estas linduras: “Somos de izquierda… dentro de la Constitución” - ¡Guau!, o esta otra fascinante: “No somos de izquierda ni de derecha… sino todo lo contrario”. Toda aquella expresión pública que contradijera al monarca en turno (al que llamaban eufemísticamente “Señor Presidente” -el eufemismo es otra de las virtudes de los tricolores) era descalificada por la vía rápida de “idea exótica”… Lo cierto es que nadie sabía nada de las ideas o filosofía de ese partido, el deporte favorito de “los enterados” de la apolítica eran las artes adivinatorias, la mecánica del “guiño”: Don Adolfo llevaba chueca la pajarita, así que devaluará el peso. El otro Don Adolfo no se fue de juerga, así que la cosa debe estar que arde. ¡Don Gustavo se rió, se va a desatar la tormenta! ¡Don Luis descansó, joder, o sea que pondrá a trabajar a los halcones! ¡Don Pepe lloró, ya nos llevó la chingada! ¡Don Miguel habló más de 10 minutos, no se puso su traje gris, vete pero volando a comprar todas las tortillas que puedas! ¡Don Carlos no dijo “conciudadanos”, así se conoce que la solidaridad de la que habló es sólo para los rescatados banqueros! ¡Don Ernesto no dijo su incomprensible gracejada, habrá que comprar todos los dólares que podamos vieja!
¡Cómo chingaos les piden ahora que se definan! Ese concepto, definición, no existe en su vocabulario… Si muchos habitantes del país han estado votando por este partido, no cabe la menor duda de la certeza del refrán: el que por su gusto es buey, que hasta la coyunda lama”

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